sábado, 3 de noviembre de 2007

¿Por qué brillan las estrellas?


"Ella conocía lo poderoso que puede ser el fuego de una mirada.

¿Qué pasaría si miraba una estrella?


De seguro que el calor de su cuerpo, inflamado por el amor, viajaría con la mirada a través del espacio infinito sin perder su energía, hasta depositarse en el lucero de su atención.


Estos grandes astros han sobrevivido millones de años gracias a que se cuidan de no absorber los rayos ardientes que los amantes de todo el mundo les lanzan noche tras noche.

De hacerlo, se generaría tanto calor en su interior que estallarían en mil pedazos.

Por lo que, al recibir una mirada, la rechazan de inmediato, reflejándola hacia la Tierra como en un juego de espejos.


Es por eso que las estrellas brillan tanto en las noches".



[ESQUIVEL, Laura. Como agua para chocolate. Ed. Monadori. Madrid, 1994].

viernes, 2 de noviembre de 2007

Zaratustra Dixit

**Os adjunto algunas frases seleccionadas de la obra de Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra.

La grandeza del hombre está en ser un puente, y no una meta.

Me transformo demasiado rápidamente: mi "hoy" refuta a mi ayer.

Silencioso es el fondo de mi mar, ¡quién adivinaría que esconde monstruos juguetones!

Todavía no eres libre; todavía buscas la libertad (...) Tu alma tiene sed de estrellas.

Ésta es vuestra sed, el llegar vosotros mismos a ser ofrendas y regalos: y por ello tenéis sed de acumular todas las riquezas en vuestra alma.

Es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina.

Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias; tienen que aguardar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad (...) Mas tú, profundo, tú sufres demasiado profundamente, incluso por pequeñas heridas...

En el hecho de que hayáis desesperado hay mucho que honrar, porque no habéis aprendido cómo resignaros, no habéis aprendido las pequeñas corduras.

Zaratustra volvió a caminar durante dos horas, confiando en el camino y en la luz de las estrellas: pues estaba habituado a andar por la noche (en la noche oscura, quizá..) y le gustaba mirar a la cara a todas las cosas que duermen (conocer la realidad tal y como es, sin poses)

Nosotros amamos la vida, no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar. Siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la demencia.

He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr. He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado.

Con alas propias volé hacia cielos propios.

Quien quiera aprender alguna vez a volar tiene que aprender primero a tenerse en pie y a caminar y a correr y a trepar y a bailar.

Si queréis subir a lo alto, ¡emplead vuestras propias piernas! ¡No dejéis que os lleven hasta arriba, no os sentéis sobre espaldas y cabezas de otros!

Y demos por perdido el día en que no hayamos bailado al menos una vez. Y sea falsa para nosotros toda verdad en la que no haya habido una carcajada.

Yo no creería más que en un Dios que supiese bailar.

¡No arrojes al héroe que hay en tu alma! ¡Conserva santa tu más alta esperanza!

El futuro y lo lejano sean para ti la causa de tu hoy.

Yo soy de hoy y de antes, pero hay algo dentro de mí que es de mañana y de pasado mañana y del futuro.

Por encima de ti debes construir; pero antes tienes que estar construido tú mismo, cuadrado de cuerpo y alma. Y aprended primero a amar.

El querer hace libres.

En mí hay algo insaciado, insaciable, que quiere hablar. En mí hay un ansia de amor, que habla así mismo el lenguaje del amor.

¡Vuestro amor que hace regalos y vuestro conocimiento sirva al sentido de la tierra!

Cuando vuestro corazón hierve, ancho y lleno, igual que el río, siendo una bendición (...), allí está el origen de vuestra virtud.

Y semejante a la estrella que se extingue es toda obra de la virtud: su luz continúa estando siempre en camino, aunque la obra ya esté hecha.

"La virtud de la columna": más bella y más delicada se va tornando, pero en lo interior más dura y robusta, cuanto más asciende.

Tú quieres, tú deseas, tú amas: ¡sólo por eso alabas tú la vida!

No queremos que con nosotros sean indulgentes aquellos a quienes amamos a fondo. ¡Dejadme que os diga la verdad!

No vuestra compasión, sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a quienes se hallaban en peligro.

Nunca te adornarás bastante bien para tu amigo; pues debes ser para él una flecha y un anhelo (...) Sea el amigo para vosotros una fiesta y un presentimiento del superhombre. (...) El amigo creador siempre tiene un mundo acabado que regalar.

Aún continúo siendo el más rico y el más digno de envidia, pues yo os tuve a vosotros, y vosotros me tuvisteis a mí (...) Aún continúo siendo heredero de vuestro amor (...) Ay, estábamos hechos para permanecer próximos unos a otros, y vinisteis a mí y a mi deseo, no como tímidos pájaros, sino como confiados al confiado. Sí, hechos para la fidelidad, como yo, y para delicadas eternidades.

Hay que saber ser una esponja si se quiere ser amado por corazones rebosantes.

La voz de la belleza habla quedo: sólo se desliza en las almas más despiertas.

He captado su mirada cuando tenía la boca cerrada, para que fuesen sus ojos los que me hablasen.

No hablamos entre nosotros, pues sabemos demasiadas cosas: callamos juntos, sonreímos juntos...

Tus frutos están maduros, pero tú no estás maduro para tus frutos. Por ello tienes que volver de nuevo a la soledad: pues debes ponerte tierno aún.

Estuvo solo y se encontró continuamente a sí mismo.

Que yo esté preparado y maduro para mí mismo y para mi voluntad más oculta.

Para volverse grande, un árbol ha de echar duras raíces en torno a rocas duras.

Yo soy un caminante y un escalador de montañas. No me gustan las llanuras y no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo. Y, sea cual sea mi destino, sean cuales sean las vivencias aún haya yo de experimentar, siempre habrá en ello un caminar y un escalar montañas.

Es necesario que tu mejor valor consista en que no quede ya ningún camino a tus espaldas.

Por muchos caminos diferentes y de múltiples modos llegué yo a mi verdad; no por una única escala. (...) Éste es mi camino, ¿dónde está el vuestro? El camino, en efecto, no existe.

Por caminos torcidos se aproximan todas las cosas buenas a su meta. El modo de andar revela si alguien camina ya por su propia senda: quien se aproxima a su meta, ése baila.

Haced siempre lo que queráis, pero sed primero de aquellos que pueden querer. Amad siempre a vuestros prójimos igual que a vosotros mismos, pero sed primero de aquellos que a sí mismos se aman.

Hay que aprender a amarse a sí mismo con un amor saludable y sano: a soportar estar consigo mismo y a no andar vagabundeando de un sitio para otro. Ésta es el arte más delicada, más sagaz y más paciente. (...) Descubrirse uno a sí mismo es lo más difícil de todo.

Llega a ser el que eres.

Sal de tu caverna, el mundo te aguarda como un jardín. El viento juega con densos aromas que quieren venir hasta ti, y todos los arroyos quisieran correr detrás de ti. Todas las cosas sienten anhelo de ti.

Todo va, todo vuelve; todo muere, todo vuelve a florecer; todo se rompe, todo se recompone; todo se despide, todo vuelve a saludarse (...) Curvo es el sendero de la eternidad.

Quien, tendido en la hierba, agudiza los oídos, ése llega a saber algo de las cosas que se encuentran entre el cielo y la tierra.

Los acontecimientos más grandes no son nuestras horas más estruendosas, sino las más silenciosas.

Justamente la menor cosa, la más tenue, la más ligera, el crujido de un lagarto, un soplo, un roce, un pestañeo... lo poco constituye la especie de la mejor felicidad.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Milagros cotidianos

¡Bienvenidos a Noviembre! En este primer día de mes, quiero contaros una anécdota curiosa, a la par que alegre, para empezar con buen pie esta nueva etapa. ¿Nueva?, ¿un mes más, como otro cualquiera? Sí, ¡¡nueva!! Pues quiero reivindicar el valor del “ahora”, de hacernos buenos propósitos para cada mes, si no para cada día. ¿Por qué esperar hasta el año nuevo, si cada día lo es ya?

Como digo, quiero hablaros sobre algo que le pasó a una amiga, y que me ha hecho pensar sobre lo fácil que resulta hacer felices a otras personas. Efectivamente, hay detalles muy sutiles, a los que casi no damos importancia, pero que no dejan de tener un gran valor. Nunca sabemos qué gesto –quizá insignificante para nosotros- puede llegar a tener mucha repercusión para otra persona, y alegrarle el día.

Resulta que mi amiga está trabajando en una pizzería y, en ocasiones, se ha quejado de que hay quienes van a comer, y tratan a los camareros despóticamente, como si fueran verdaderos esclavos. No obstante, al preguntarle ayer qué tal le fue el día, dijo que había sido maravilloso, porque todo el mundo había estado amable y de buen humor.

Me comentó que, mientras estaba atendiendo a los clientes de las distintas mesas, una pareja de viejecitos no dejaba de mirarla cuando pasaba, y le sonreían. Una de esas veces que cruzó por delante, la mujer le dijo: “Nena, tienes una cara muy salada, muy sonriente”.

Uno no se espera ese tipo de comentarios, así, sin venir a cuento, y menos por parte de un desconocido. Me pareció preciosa la valentía de la mujer al hablar, ya que la mayoría de nosotros, si llegamos a pensar algo parecido, solemos callarnos y no comentar nada, por vergüenza... cuando, en realidad, el único efecto que puede provocar un comentario así, en la persona aludida, es una sonrisa y un cálido sentimiento de satisfacción. Así de sencillo; así de efectivo.

Pero no acabó así la cosa. Más tarde, llegó al local un matrimonio de franceses. Mi amiga, que sabe su idioma, estuvo charlando con ellos cada vez que se acercaba a atenderles. Al final, cuando ya se marchaban, y después de haber hablado un buen rato, en un ambiente distendido, el hombre le dijo: “Nos vamos ya, ¿puedo darte un abrazo?”. Se levantó de la mesa, y le dio un afectuoso abrazo.

Es cierto que no suele ser un gesto muy habitual hacia un camarero –en ocasiones, ni siquiera lo es para con nuestros amigos y familiares-, sin embargo, estoy segura de que el hombre no llegó a imaginar lo mucho que supuso aquello para mi amiga.

Finalmente –como veis, tuvo un día redondo- salió a la calle para atender a las mesas que tienen fuera, en una terracita, y vio a un chico que estaba pasando por allí.

Me dijo que se le quedó mirando porque le pareció muy atractivo: tenía rastas y llevaba un pendiente, pero era guapísimo, así que se quedó embobada, sin apartar la vista. Entonces él, de manera muy graciosa, le dijo: “Niña, ¿a qué hora sales que vengo a recogerte?”, jajaja...

¡Ya veis! Apenas un comentario gracioso, dicho a tiempo, es suficiente para dibujar una enorme sonrisa en la cara, y dejar un regusto agradable al tratar con otra persona.

Así que, en definitiva, sólo quería transmitiros la experiencia de mi amiga, para haceros pensar sobre lo sencillo que resulta, en ocasiones, tener un gesto agradable, un detalle amistoso, una palabra que anime, aunque sea momentáneamente, a quienes tenemos cerca, los conozcamos o no. Y, a la vez, lo importante que resulta, también, estar predispuesto para captar los detalles que los demás puedan tener con nosotros, y que muchas veces se nos escapan o no les concedemos valor.

El gesto más sencillo puede llegar a ser, aunque no lo imaginemos, un regalo único y especial para la otra persona, llegado en el momento idóneo. Luego decimos que no existen los milagros... yo no estaría tan segura. Habrá que creer en ellos, y arriesgarse a hacerlos, para comprobarlo.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Recuerdo


Mi amiga querida así lo dijimos,

las dos lo sentimos y así nos vivimos.

En tanta distancia siento tu presencia

que aviva mi fuego y me invita a danzar.

La vida que dejas en mi corazón

es pan compartido y es comunión.

Tengo la certeza que Dios nos miró,

sembró nuestro encuentro y habló al corazón.

Mi amiga querida hoy soy expresión;

soy música abierta; soy danza y canción.

Me impulsas a ser vida y corazón.

¡Me haces tanto bien! Contigo soy yo.

Mi amiga querida así lo dijimos,

las dos lo sentimos y así nos vivimos.

En tanta distancia siento tu presencia

que aviva mi fuego y me invita a danzar.
[** la letra procede de la canción Mi amiga querida, de Cecilia.. lo siento, no tengo más datos].